Nuevo libro de Francisco Pereña: Cómo pensar la clínica del sujeto

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Ofrecemos la nota introductoria del nuevo libro de Francisco Pereña publicado por la editorial Síntesis y cuyo título es “Cómo pensar la clínica del sujeto”.

“… este oficio me ha descubierto la dignidad del dolor, su carácter “sagrado” por lo que supone de presencia de lo invisible, de lo que no se ve, pero que es lo que permite prestar atención a un sujeto más allá de la idolatría social. Sin embargo, este oficio encarna el peligro mayor de la impostura”.

Este oficio ha descubierto de mí mismo cosas insospechadas, como, por ejemplo, prestar atención al dolor de alguien sin necesidad alguna de desentenderme de él ni de consolarle. Por el contrario, este oficio me ha descubierto la dignidad del dolor, su carácter “sagrado” por lo que supone de presencia de lo invisible, de lo que no se ve, pero que es lo que permite prestar atención a un sujeto más allá de la idolatría social. Sin embargo, este oficio encarna el peligro mayor de la impostura. Has de vivir en el desafío permanente de estar ante la imposibilidad, “a la espera”, como diría Simone Weil, atento a lo que sucede en el límite mismo de lo visible, de lo que parece evidente y nunca lo es, como una pequeña llama que alienta la vida más allá del furor del daño.

Desde muy joven me atrapó el asombro por el daño que los humanos se hacen unos a otros sin parar. Y lo que es aún más doloroso: uno mismo quiere cuidar a quien dice amar y, no obstante, no consigue evitar ser causa de daño. Por eso, estar a la espera no significa “con la esperanza de”. La esperanza es una secreta y envenenada reclamación al otro. “A la espera” es una disponibilidad, una escucha atenta y creativa, que nos permite vivir, que no sabe y no acusa, y que crea una posibilidad de inspiración. Así querría ser. En este oficio uno tiene la oportunidad de encontrarse con alguien al que, por algún motivo, su dolor de existente le impide quedar atrapado en la atribución de identidad, en la “mentira necesaria” que, dice Platón, sostiene La República.

Fue mi propio dolor el que me condujo a este oficio. Me encontré con un oficio convertido en una liturgia que administraba los encuadres terapéuticos de igual forma que los sacerdotes administran los sacramentos, sin prestar la menor atención a lo “sagrado” de la desdicha. Practiqué esa liturgia hasta que la propia práctica me obligó a elegir o la liturgia de los oficios o el oficio de sentir en todo desconcierto el anhelo de vivir que palpita en la desesperación y que conduce a solicitar, no tanto, o no solo, consuelo o nuevos engaños, sino, quizás, que se le preste atención a la dignidad de cada desdicha. No creo probable, ni posible, escapar de la mentira. Por la mentira respiramos, aprendí de R. Walser. No podríamos sobrevivir sin ella, y si cabe hablar de “verdad” habrá que seguirle la pista por el entramado de la mentira. Por ello mismo no confundimos la verdad con la “razón científica”, porque no hay manera de “objetivar” dicha verdad, tan ligada como está al dolor y al anhelo de vivir con todas las mentiras disponibles, especialmente la que figura como protección y daño que es el corazón del fantasma sado-masoquista. Prestar atención al sujeto del dolor es abrir la posibilidad de que algo nuevo, por imperceptible que pueda parecer, suceda en el silencio de esos encuentros, el silencio de lo que sucede en otra parte, en el reverso de las alianzas del miedo. No hay manera de cuestionarse a sí mismo que no sea ante el otro. Así he entendido la idea griega de parresía.

No hay que idolatrar la marginación, pero este oficio no presta su atención al ciudadano sino al sujeto de la angustia. Ahí aprendimos que el sujeto no es de este mundo, este mundo que entre todos hemos creado para dañarnos a nosotros mismos. Haber hecho la experiencia radical de que no se es de este mundo, es, a mi entender, la experiencia más genuina, que no habría que esconder entre los trajes talares de la liturgia transferencial. Es, por el contrario, lo que abre la opción de pensar. Pensar es una experiencia, no es acatar ninguna doctrina, es alcanzar, aunque sólo fuere tocar con los dedos, el sentir la sangre de la vida que se da, en ese instante, a pensar.

Este ha sido el propósito y el intento de este libro, de estas clases en las que he querido transmitir cómo este oficio es ante todo una práctica que se da a pensar y de ningún modo una doctrina que tiene sus reglas mecánicas de aplicación. Así pues, he querido transmitir lo que tiene de vida que se da a pensar, o cómo un sujeto se hace consciente de su vida. Por eso lo he titulado Cómo pensar la clínica del sujeto. Quienes han asistido a estas clases podrán decir si es verdad que cambió algo íntimo en su manera de practicarlo. Este es, en todo caso, el propósito. Quiero precisar mi agradecimiento también a todos los autores que critico, pues ello significa que me ayudaron a pensar.

Estas clases fueron impartidas en dos ciclos de cinco clases cada uno. El primero entre octubre de 2017 y febrero de 2018, y el segundo entre septiembre de 2018 y febrero de 2019.

Quiero agradecer a Teo Fiunte y a Oscar López el trabajo de haber transcrito las clases. Estas transcripciones, junto a mis notas, me han permitido su traslado a la escritura. Cada clase comienza con una entradilla en la que se enumeran los temas que se tratan en ella, para así facilitar la lectura.

 

FRANCISCO PEREÑA